martes, 17 de febrero de 2009

Pensamiento

El pensamiento es algo a lo que le damos poca importancia. No nos gusta saber que piensan los demás, nos gusta que piensen como nosotros queremos. Que el mundo se vuelva nuestro circo de marionetas, que las verdades sean las que nosotros creamos. Podemos creer inútilmente que aceptamos a todo el mundo, que no nos molesta que en la india casen a niñas de 8 años con hombres de 40. Pero no solo es este momento extremo, personas que no pueden aceptar a otra porque fuma, porque lleva un tatuaje o solo porque le ha negado su estúpida orden. A mí me gustan los tatuajes, no me importa la gente que fuma, solo que no me tire el humo a la cara, me molesta que la gente beba alcohol, sobre todo cuando me toca a mi aguantarles el pelo a la hora de vomitar, pero los acepto. Si alguien no estudia me da igual, si desaprovechan sus oportunidades, les daré una colleja, pero ese será mi única gesto de advertimiento de que pueden llevar una vida mejor. Pero como todos, me gustan las marionetas, no verlas en el teatro sino controlarlas. Qué bonito sería conseguir, que el chico que me gusta me besara, romperle el corazón después, como acto de venganza y que me guste otro, como marioneta me besaría cuando yo quisiera y se eliminaría después. Podría tirar a la hoguera las que están rotas o las que no me interesan. De momento solo conozco dos circos de marionetas, la política y la religión. Los dos temas de los cuales no se puede hablar durante las cenas de familia. Es un circo dividido en secciones aunque siempre controlados por alguien. Ahora que me pongo a pensar, el dinero son los hilos que mueven a las personas. La gente se vende por todo, por nada. Se humilla, se destroza solo por un mísero billete. Todos tenemos un precio, pero nos toco elegir cuál es el que queremos. Yo no me vendo por menos de cien billones de dólares, contantes y sonantes. Podéis pensar que es prostitución. Pero dime ¿Quien hoy en día no ha sido puta alguna vez?

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